“CAFETEANDO” de Ernesto Seco (Zooilógico; 1979)

Guillermo acarreó la taza de café hasta sus labios y de un estentóreo sorbo le dio fin al líquido, provocando sonrisillas bajo los sobacos de las mesas vecinas.

Por sus embustes, el colibrí es más nariz que alas.

Cuando por infortunio queda atrapado en la recámara de alguna niña mentecata, el cuerpo se remonta y estalla contra los cristales. Su pico, aguja de cabeza enana, hace el ruido del amante que se despide en el camión dando leves golpes de uñas en el cristal, musicalizando un último pestañeo que arranca escupiendo adioses por el mofle. Ambos son algo nota y algo olvido; sin embargo, la uña se descarapela para luego encajarse en nuevas espaldas viandantes, pero el colibrí sangra olor de flores cuando el pico revienta suicida.

Fijó su mirada en lo que quedaba del café, luego alzó los ojos y con una mueca de dolor despegó de su pecho la taza vacía. Su imperfección facial rebasaba el común denominador, y ese rostro charrasqueado no permitía admirarle sus ojitos brillantes. Levantó la mano pidiendo la cuenta. Son seis pesos – dijo la mesera. Guillermo sacó un billete de a diez y abandonó el cambio.

Dos mujeres, que antes lo miraban aturdidas por su rara fealdad, ocuparon su mesa.

El colibrí voló hasta las plantas cafetaleras y a un lado de mariposas se sentó a contemplar el vuelo de las águilas. Las mariposas posaban entre sí, diciendo la rudeza de ese pájaro. El colibrí sorbía de las bolitas coloradas el néctar mientras, desde arriba, las aves grandes y voladoras lo atisbaban (despectivamente) confundido entre alas de mantequilla.

Guillermo continuó renqueando hasta alcanzar la puerta de su cuarto. Al entrar, prendió un incienso con fragancia de rosas y lloró su soledad recargado en la cristalera de su ventana.

Cuando el colibrí muere, es que no ha deseado la flor pegada a la rama, sino a la que inexistente ondula en el aire, convirtiendo a este pajarito (que no es más que un insecto modoso) en el extático chupamirto acelerado que succiona ávidamente la ambrosía de la nada.”